Fiesta pa’l bailador en el Día Nacional de la Salsa
lunes, 22 de marzo de 2010 Mariela Fullana Acosta / Primera HoraEl público salsero volvió a disfrutar ayer de su día con la celebración de la vigésima séptima edición del Día Nacional de la Zalsa, dedicada al compositor puertorriqueño Johnny Ortiz. Desde las 10:00 de la mañana, cientos de personas comenzaron a llegar hasta el estadio Hiram Bithorn en Hato Rey para gozar de este evento. El tapón en la avenida Roosvelt era imposible a las 12:00 del mediodía y, minutos antes de que el evento arrancara, amenazaba con llover. Pero ni el tumulto de vehículos, ni la lluvia intermitente que cayó, ni el sol ardiente posterior fueron disuasivos suficientes para que los salseros tomaran otra ruta que no fuera la del Día Nacional de la Zalsa, que organiza la emisora Z-93.En el estacionamiento del estadio Hiram Bithorn se iba sintiendo el ambiente festivo desde temprano. Fueron varios los que prefirieron montar su propia fiesta, fuera del recinto, con carpas personalizadas en las que no faltaron los instrumentos. Uno de los que se destacaban, era el improvisado quiosco El Timbiriche, cuyos “clientes” lucían camisas azul cielo con el nombre del negocio. Además de contar con calderos con arroz guisao, chuletas al horno y bebidas de todo tipo, El Timbiriche se caracterizaba porque encima de una guagua pickup, los encargados del quiosco ubicaron una vellonera roja que acompañaba a los que se animaban a tocar el timbal, la campana, las maracas…“Llevamos siete años haciendo lo mismo. El Timbiriche es un negocio en Toa Baja y siempre hacemos esto para compartir con todos nuestros clientes… Hay gente que entra al evento y otros que se quedan acá fuera disfrutando”, señaló Dalty Mendoza, administrador del negocio, mientras volteaba unas chuletas. Ya dentro del estadio, todo era color. Las banderas de Puerto Rico ondeaban y las sombrillas de playa y de lluvia danzaban al ritmo del movimiento de los asistentes.“Ésta es como mi ocho vez… Me encanta venir porque ésta es mi raíz, es la música que me crió a mí y es la música de mis padres”, destacó Jimmy Meléndez, de 60 años y quien reside en la ciudad de Nueva York. Bailando como trompo, se encontraba la familia Román Maldonado, de Vega Alta, que lleva más de diez años asistiendo a este evento. Lucy García, quien alegó ser Miss Piel Canela, no pudo resistir las cámaras y rápido se puso a posar frente a la bandera de Puerto Rico que tenía la familia Román Maldonado.“Es la primera vez que estoy aquí, pero es que me contrataron… La gente se pasa sacándome fotos”, dijo Lucy mientras movía sus hombros casi involuntariamente al ritmo de la música. Bailando en clave estaban Francisco Dávila y Milagros Delgado. Él es de Caguas, ella, de Canóvanas. Son amigos y se ven una vez al año; en el Día Nacional de la Zalsa.“Aquí, nada más… Ni nos llamamos, ni ná, sólo nos vemos aquí y bailamos”, explicó Francisco Dávila, mientras Milagros se reía y expresaba que este evento era “lo máximo”. La joven de 18 años Greycha Rodríguez, de Canóvanas, no paraba de reírse, ni de bailar. Con ella, un grupo de amigos y familiares, quienes lucían camisetas rojas en las que se leía: “Cocolo de pura cepa 100% San Isidro”. “Siempre los traigo para que se desenvuelvan en algo distinto”, comunicó Rafael Rodríguez, de 40 años y padre de Greycha.La mayoría de los asistentes bailaban, pero también había otros que preferían sentarse en sus sillitas de playa y tomarlo con calma. Uno de ésos era Rigo Ayala, de 47 años y del pueblo de Comerío, quien junto con su hijo y amigos echaba un partidito de dominó al tiempo que se cobijaba del sol con una pava.“Éste es el día de nosotros, a los que nos gusta la salsa de verdad”, comunicó. Cerca de Rigo, estaba Víctor Landrau, de 74 años y del pueblo de Carolina, quien cautivó a los asistentes por su impresionante parecido con el fenecido compositor Tite Curet Alonso.“Me lo han dicho, pero no somos familia, sólo fuimos amigos y era lo más grande”, indicó.El sol picaba con fuerza en la piel y el sudor se iba apoderando de los presentes, quienes se entregaban al ritmo en medio de un tornado de olores que incluían sudor, sunblock, colonia de frutas, alcohol y humo de fritura. “Yo soy salsero de la mata, de corazón y te digo que la salsa nunca va a morir, mira esto como está, mira esto”, expresó José Luis Rodríguez, de Caguas, con una sonrisa danzarina.
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